Y ¿AHORA QUÉ HAGO?
Aquella noche de junio
Francisco apenas había dormido. Se levantó a las seis de la mañana, como venía
haciendo durante los últimos veinticinco
años, para ir a trabajar. La rutina de cada día le conducía hasta la oficina en
un estado de somnolencia que le duraba hasta que el conserje lo saludaba con
los buenos días de rigor. Había llegado el día fatídico y le esperaba el
finiquito como a los demás compañeros. El negocio desde hacía dos años no era
rentable y ya se sabe lo que pasa cuando los números de la contabilidad se
tiñen de rojo.
Con
cincuenta años Francisco ve su futuro cubierto de negros nubarrones en el que
no se vislumbra ni un resquicio de luz. Empieza a buscar trabajo y pronto se da
cuenta de lo perdido que está tratando de abrirse paso en un mundo laboral que
no tiene nada que ver con el que conoció hace treinta años.
Durante
toda su vida profesional el trabajo que desempeñó fue el mismo, en una oficina
de las de siempre donde no supieron evolucionar hacia las nuevas tecnologías.
Francisco se había quedado atrapado en el inmovilismo de aquella organización y
ahora sufre parálisis múltiple de todos sus anquilosados conocimientos que, por
otra parte, no son homologables a los nuevos puestos de trabajo.
A
sus cincuenta años se encuentra con un mercado de trabajo escaso e invadido por
las nuevas tecnologías y jóvenes preparados que deambulan de un sitio para otro
buscando empleo de lo que sea. No hay más remedio que partir de cero y eso
quiere decir que Francisco ha de espabilarse y adquirir unos conocimientos que
no tiene. Empieza a dar vueltas a su situación y el desánimo le ronda
insistentemente reforzándose con reproches que no le ayudan en absoluto: “Ya
soy mayor para empezar de cero”; “tendría que hacer cursillos de capacitación y
me costaría mucho ponerme al día”; “cogerán a un joven antes que a mí”; “me
sentiré fatal con un salario muy inferior al que tenía”; “seguramente no
llegaré a final de mes con lo que cobre y tendré que restringir gastos que
hasta ahora eran normales”…
En
un mercado laboral estable como el que había vivido Francisco, era frecuente
permanecer durante muchos años en la misma empresa e incluso en el mismo puesto
de trabajo; sin embargo ahora todo es diferente debido al avance vertiginoso
que se está viviendo y la exigencia de
una formación continua; por eso es lógico que ante una situación de cambio
radical las personas de edad avanzada se encuentren totalmente desorientadas.
Francisco
siente vértigo cuando visita las oficinas de empleo o se asoma por la ventana
de internet para buscar trabajo. Siente que ha perdido todos los trenes que le
tenían que llevar hasta la plataforma de la jubilación y ahora tendrá que
buscarse la vida para llegar como sea. Como sea, pero no sabe cómo; porque con
los contratos que le ofrecen no llegará ni a la vuelta de la esquina. Al no
encontrar salida decidió hacerse autónomo,
compró una furgoneta de segunda mano y empezó a publicitarse enganchando
papeles por las paredes de todo el barrio y unos letreros colocados en los dos
laterales y en la parte trasera de la furgoneta que decían: “PIDA
LO
QUE PIDA, FRANCIS SE LO LLEVA”. Fue descubriendo un mundo nuevo: Su
mesa de oficina, ahora era el salpicadero de la
vieja furgoneta lleno de albaranes desordenados; el sillón giratorio se convirtió en un
asiento remendado que había aguantado el trasero de dos o tres autónomos más, y
la monotonía convertida en rutina, dio paso a las carreras cortas y rápidas
para entregar los paquetes antes de que el guardia de turno le obsequiara con
una multa.
El
cambio había sido radical, pasó del trabajo rutinario y estable al
sobresalto de no saber cómo podría subsistir
día a día; pero le quedaba la satisfacción de no haberse rendido a pesar de las
dificultades. Empezó de cero y se demostró a si mismo que en aquel oficinista
acomodado, latía el espíritu de otro Francisco capaz de salir adelante a pesar
de su edad, las nuevas tecnologías y el rechazo de una sociedad que avanza
hacia el futuro sin tener en cuenta los valores más significativos del pasado.
Jesús Blázquez García

Comentarios
Publicar un comentario